El papa Francisco pidió a los sacerdotes del mundo convertir a la Iglesia en una “casa de puertas abiertas” y no olvidarse de las “hermanas” pobreza, fidelidad y obediencia para transmitir con “alegría” el mensaje del evangelio.

El pontífice argentino presidió por segunda vez de que fue elegido la misa crismal en la basílica de San Pedro, donde renovó las promesas sacerdotales del clero y bendijo los santos óleos que se utilizarán durante el año en los sacramentos.

“La disponibilidad del sacerdote hace que la Iglesia sea una casa de puertas abiertas, refugio de los pecadores, hogar para los que viven en la calle, casa de auxilio para los enfermos, camping para los jóvenes”, subrayó.

Francisco también destacó la importancia del celibato sacerdotal al pedirles “una renovada fidelidad a su única novia, la Iglesia”.

El Papa insistió en alentar a los sacerdotes a conservar su “alegría”, sin olvidar que ésta se sustenta en las “hermanas” pobreza, fidelidad y obediencia.

El Pontífice sostuvo que esa alegría sacerdotal ayuda en momentos de tristeza y que según reconoció el también paso.

“En momentos en los que todo parece ensombrecerse y el vértigo del aislamiento nos seduce, esos momentos apáticos y aburridos que a veces nos sobrevienen en la vida sacerdotal, aun en esos momentos el pueblo de Dios es capaz de custodiar la alegría, es capaz de protegerte, de abrazarte, de ayudarte a abrir el corazón y reencontrar una renovada alegría”, aseguró.

El Papa se trasladará esta tarde a un hogar de ancianos de Roma, donde presidirá la misa de la Cena del Señor y lavará los pies a doce ancianos y personas con discapacidad. (DyN)



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