La Iglesia Católica en todo el mundo celebró el Domingo de Ramos, conmemorando la entrada triunfal de Jesús a Jerusalén, marcando el inicio de la Semana Santa.

De igual manera, en la Iglesia Catedral el obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino encabezó la Santa Misa, que por las inclemencias del tiempo no pudo realizarse en el escenario montado en las escalinatas, sino en el interior del templo.

La celebración comenzó en el atrio del templo, con la lectura del evangelio, y la bendición de los ramos de olivos. Luego continuó en el altar mayor, en la que estaba ubicada la cruz de Francisco que este lunes se despedirá de la ciudad, en la misa de las 8.

Durante la homilía el obispo afirmó que “la agonía de Cristo y su soledad, el sueño de los discípulos, así como la traición de Judas, las negaciones de Pedro, el abandono de sus seguidores, se prolongan en la historia”.

En ese sentido, sostuvo que “Cristo es abandonado en los ancianos en los que nadie piensa. Es negado cuando no lo reconocemos en los rostros dolientes de tantos hermanos, y cuando pudiendo hacer algo por ellos nos escapamos y huimos de lo que nos molesta. Es condenado a muerte cuando una ley propicia el aborto. Es traicionado por los cristianos cuando prefieren la popularidad y el número de votos, a costa de la verdad y de la recta conciencia”.

Cuando concluyó la misa, muchos de los fieles, quisieron acercarse a la cruz de Francisco, que durante el fin de semana estuvo en la Catedral. De esta manera, el presbítero Gabriel Mestre, pidió a los presentes que levantaran sus ramos y objetos religiosos, y los bendijo con la cruz.



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