Ser emprendedor está de moda. Ya sea por necesidad económica, aspiraciones personales, oportunidades o  simplemente para cumplir un sueño, cada día son más las personas que se animan a desarrollar un negocio propio. Y dentro de este universo, Argentina ocupa un puesto privilegiado, con una de las más altas tasas de nuevos emprendimientos de la región.

Los emprendedores son un mercado en sí mismos. A medida que han crecido en número, también se ha ido formando una oferta cada vez mayor de capacitaciones, concursos, páginas web, publicaciones especializadas, foros, etc. dedicados a la difusión de la cultura emprendedora. Pero el exceso de información nunca es bueno, y la web no selecciona la información que cada persona necesita. Por eso, a la hora de decidir lanzarse o no a un nuevo desafío comercial, muchas veces no se sabe por dónde empezar el análisis.

La mayoría de los emprendedores concuerdan que los ingredientes para un negocio exitoso son tres: formación o capacitación, capital y una idea. De los tres, dos son más sencillos a la hora de conseguirlos: la formación o capacitación puede comprarse, ya sea a través del estudio o contratando personal profesional; el capital puede conseguirse con inversores, créditos, aceleradoras e incubadoras, etc. Pero el tercer ítem, la idea, no puede comprarse ni alquilarse, debe ser desarrollada por el emprendedor, convirtiéndose de esta manera en el principal obstáculo a la hora de emprender.

¿De dónde surgen las idea entonces? No hay una sola respuesta: muchos suponen que las grandes ideas provienen de un flash de inspiración, una especie de epifanía que les revela una idea que se convertirá en un gran negocio. Esto es falso. Son mínimas las grandes ideas originadas de esta manera. La mayor parte de las ideas exitosas provienen de dos fuentes: la copia y adaptación de una idea existente en otro mercado, o el estudio de necesidades insatisfechas de un mercado particular.

Pero tener una idea tampoco califica para iniciar el emprendimiento. La misma debe ser desarrollada, pulida, estudiada, darle forma hasta tener no solo una idea, sino un concepto de negocio. Si llegamos hasta aquí, estamos en condiciones de pensar seriamente en lanzar nuestro negocio. Pero aún falta: si queremos aumentar nuestras posibilidades de éxito en el mercado altamente competitivo de hoy, nuestra idea debe ser innovadora.

¿Pero que es una idea innovadora? Para responder esta pregunta debemos analizar la innovación como el resultado de un proceso, y ese proceso abarca tres conceptos: imaginación, creatividad e innovación.

La Imaginación es la habilidad del ser humano de pensar cosas que no existen en el aquí y ahora. Nos da la posibilidad de ir adelante o atrás en el tiempo, o desplazarnos en el espacio sin restricciones. En la imaginación no hay límites, solo los que yo mismo me imponga. Pensar sin restricciones es un ejercicio, que mejora a medida que se realiza. Es un proceso mental que toda persona interesada en generar ideas debe entrenar y practicar.

La creatividad es el paso siguiente a la imaginación. Es poner manos a la obra y traer a la realidad lo imaginado. Implica materializar nuestra idea, sea a través de diseños, planos, dibujos, prototipos, o cualquier método o herramienta que decidamos utilizar para poder exhibir el resultado de nuestra imaginación. Obviamente es un filtro, ya que implica aplicarle a nuestra idea los límites de la realidad que no teníamos al imaginarla. Y aquí es donde comienzan las primeras correcciones en el proceso creativo. Es imprescindible ser muy crítico con uno mismo en esta etapa para no fracasar en el proceso.

Finalmente, la innovación es el tercer paso y el resultado de los dos anteriores. Según el diccionario de la Real Academia Española, una innovación es una “creación o modificación de un producto, y su introducción en un mercado”. Se trata de llevar la creatividad a un mercado, de convertirla en un nuevo producto, proceso o servicio, o agregar valor a un producto o servicio existente. El valor que mi idea le aporte al consumidor será el diferencial con respecto a mis competidores que impulsará la demanda hacia mi oferta, o en el mejor de los casos, será el valor único que posicione a mi producto como único y sin competidores, desarrollando todo un nuevo mercado a partir de mi creación.

Vayamos a un ejemplo clásico de innovación. Uno de los productos más innovadores de los últimos años es el iPhone. ¿Por qué? Básicamente porque desde su introducción ha creado y dominado un nuevo mercado de manera que no se había visto hasta el momento. Parece que ha estado entre nosotros desde siempre, pero su primera aparición mundial fue en el año 2007, es decir, en solo 7 años ha cambiado el paradigma de las comunicaciones móviles. Pero volvamos al año 2005. En ese año, el mercado de celulares estaba dominado por equipos pequeños, con teclado físico, sin aplicaciones de internet, y más orientados a las comunicaciones y la mensajería personal. Todo apuntaba a convertir el teléfono móvil en una herramienta de productividad empresarial. La firma Palm tenía los teléfonos más codiciados por los consumidores más exclusivos. Pero no todos pensaban igual: Steve Jobs le encargó en ese año a un grupo de ingenieros el desarrollo de una pantalla táctil. Su visión: la evolución del iPod, un teléfono sin teclado físico, con gran pantalla, que sirviera tanto para comunicarse como para sacar o ver fotos, grabar y reproducir video y música e incluso utilizar servicios de datos e internet. No estaba orientado al mercado empresarial, sino al de consumo masivo. Dos años después, el iPhone salió a la venta y fue un éxito inmediato hasta nuestros días. Pero lo más importante del caso es que Jobs no identificó una demanda insatisfecha, el creó la demanda.

El proceso imaginación – creatividad – innovación es fácilmente identificable en este ejemplo. La imaginación sucedió en la cabeza de Jobs. La creatividad comenzó en el 2005 al encargarles a sus ingenieros el desarrollo. Y la innovación fue introducida en el 2007 al salir a la venta el mismo.

Las ideas innovadoras aumentan exponencialmente las posibilidades de éxito del emprendimiento. No todas las ideas superan los filtros del proceso creativo, y eso está bien, para eso existe el mismo. Si todas las ideas que tenemos nos parecen buenas evidentemente no estamos siendo lo suficientemente críticos con las mismas. Una idea de muchas superará los controles, y esa idea será la que desarrollaremos hasta acercarla lo más posible a una innovación.  Parece difícil, pero es cuestión de práctica. Y lo mejor es que puede hacerse en cualquier momento. Acostumbren a su cerebro a imaginar, a liberarse de las limitaciones de la realidad, piensen nuevos productos, nuevos servicios, nuevas aplicaciones a productos existentes, nuevos procesos, o procesos optimizados…. Las áreas para innovar son tan infinitas como la imaginación misma.

Y una vez que tenemos nuestra idea depurada, lo demás es sencillo: capital y conocimiento para llevarla a cabo. Si la idea es buena, ambas cosas vendrán solas. Una pizca de suerte y trabajo duro, es todo lo que se necesita para lograr el éxito.



Siguiente Noticia Hace seis meses que falta vacuna de la varicela en salas de salud

Noticia Anterior Titulares de licencias ilegales serán inhabilitados para manejar

Nos interesa tu opinión:

Comentarios:

No hay comentarios

Deja un comentario