Así se desprende del informe semanal elaborado por el economista Matías Carugati, de la consultora Management & Fit.

Según datos oficiales, las ventas en shoppings registraron una caída real (descontando la inflación del Congreso) de 3,1% anual, mientras que en los supermercados fue de 2,9%.

En la misma sintonía, los datos relevados por la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME) reflejaron una baja de -6,5% anual en el volumen de ventas durante febrero, que se profundizó aún más en marzo (-7,2%).

Por su parte, el mercado automotriz muestra comportamientos disímiles. El patentamiento de automóviles 0 km relevado por ACARA (asociación que agrupa a los concesionarios) mostró una fuerte contracción en febrero (-8,4%), marcando el peor arranque del año desde la recesión de 2009. Sin embargo, en el segmento de usados las operaciones mostraron dinamismo (+10,5%).

Carugati señaló que, el encarecimiento del crédito prendario, el traslado a precios del aumento impositivo (sobre autos de alta gama pero que terminó afectando al resto) y de la devaluación golpearon el mercado de autos 0 km, derivando parte de la demanda hacia los usados. Habiéndose renovado el parque de vehículos en los últimos años, los modelos más nuevos, aún a pesar de ser usados, continúan siendo un refugio interesante contra la inflación.

En otro tramo del informe el ecnomista destacó que el consumo se “desinfla” por diversos motivos. En primer lugar, a causa de las medidas contractivas tomadas por el Gobierno con el fin estabilizar el frente externo.

Con menor liquidez en la calle, el encarecimiento del crédito (particularmente los personales y el financiamiento con tarjetas) desalentó el consumo apalancado por parte de las familias, efecto potenciado por recortes en promociones y descuentos ofrecidos por comercios y bancos.

Otro aspecto que influye en este escenario es el nivel de pesimismo existente. El Índice de Confianza del Consumidor relevado por la Universidad Di Tella, indicador que captura las perspectivas de consumo, mostró una caída de 23% en marzo, tocando uno de los niveles más bajos desde de 2002.

Ello se muestra en línea con las encuestas de M&F Consultora respecto a las expectativas económicas de corto plazo. En el sondeo nacional de febrero, 67% de los encuestados espera un deterioro en los próximos meses, frente a un 14% que considera posible una mejoría.

El pesimismo (que viene desde 2012, pero que se intensificó desde comienzos de año) genera incertidumbre respecto a los ingresos futuros, incrementando la cautela a la hora de consumir.



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