Hoy se estima que uno de cada 88 chicos tiene algún tipo de Trastorno del Espectro Autista (TEA), un conjunto de discapacidades del desarrollo.

Estos cuadros requieren que tanto las familias, los educadores como los pediatras estén atentos: cuanto antes lo detecten, mejores resultados se obtendrán a la hora de integrar a esos chicos a su entorno.

Por decisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas el 2 de abril, se celebra el Día de Concienciación sobre el Autismo, un llamado a arribar a un diagnóstico temprano y certero para mejorar el desarrollo y el mundo de relaciones de los nenes con autismo.

Para eso, el Programa de Trastornos del Espectro Autista del ministerio de Salud de la Provincia, elaboró una serie de guías dirigidas a padres, maestros, médicos y fonoaudiólogos, que a mediados de mes estarán disponibles en la página del Ministerio de Salud.

“Estamos difundiendo las formas de detectar en la infancia el autismo, porque entendemos que si a un chico se le diagnostica este trastorno a los 15 años habremos perdido más de una década y todas las chances de ofrecerle un tratamiento que logre su inclusión, su desarrollo de habilidades y de su capacidad de interactuar con los demás”, explicó el ministro de Salud bonaerense, Alejandro Collia.

Una de las guías para padres menciona que el “aleteo” con las manos, las conductas obsesivas, el retraso para empezar a hablar -o la ausencia de lenguaje-, la comunicación restringida y la falta de interés en interactuar con los demás son algunas señales que permiten sospechar que un niño o niña puede tener alguno de estos trastornos: síndromes de Asperger, Rett y Desintegrativo.

“Cuando los adultos observan estas señales en un chico deberían realizar una consulta con el pediatra para luego iniciar un tratamiento que le permita al niño una mejor integración con su entorno”, detalló el coordinador del Programa de Autismo del ministerio de Salud de la Provincia, Juan Carlos Peuchot.

Los bebés con autismo no tienen ningún indicio físico que permita sospechar esa condición.

Muchos padres recién consultan a los dos años porque les llama la atención que a esa edad no caminen o no emitan sonido, como el resto de los chicos de esa edad.

Además es característico que no miren a los ojos ni se muestran interesados por comunicarse, que realicen juegos repetitivos, que rechacen el contacto físico y sean propensos a berrinches de muy difícil control.

Sin embargo, Peuchot aclaró que “estos chicos no tienen que ir a una escuela diferencial porque no corresponde para estos cuadros, incluso puede ser un motivo de involución”.

Lo ideal es que obtengan su Certificado de Discapacidad, que ingresen a una escuela convencional y que sean acompañados por una maestra integradora que sepa estimularlos, además de tener el apoyo y el compromiso de la familia.

“De este modo, es altamente probable que estos chicos sean adultos con habilidades en algún trabajo, con capacidad para relacionarse, de tener amigos e incluso de formar una familia”, explicó Peuchot.



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