El mes pasado se presentó en sociedad el Plan Estratégico de Mar del Plata. Entusiasmados por contar finalmente con una herramienta moderna de gestión pública (grandes ciudades del mundo cuentan con Planes Estratégicos desde hace años), decidimos estudiar en profundidad las conclusiones de dicho Plan.

Nuestras expectativas no superaron la lectura de la segunda hoja del informe. Los errores metodológicos se hicieron presentes apenas comenzado el análisis. La elaboración de un Plan Estratégico implica recolectar, procesar y analizar una gran cantidad de datos. Pero todo este trabajo debe ser realizado en un período de tiempo adecuado, que permita que la integridad de la información obtenida se mantenga. La Comisión Mixta del Plan Estratégico de Mar del Plata se formó en el año 2002, lo que implica que se demoró más de 10 años en definir el Plan. Como todo argentino sabe, el país y el mundo atravesaron una transformación importante en los últimos 10 años.  Crecimiento, estancamiento, depresiones, crisis financieras históricas, problemas cambiarios, inflación ascendente, cambios en los mercados interno y externo, son solo una breve enumeración de algunos de los fenómenos que vivimos en dicho período. Entonces, ¿con qué información se trabajó para la elaboración del plan? Si se utilizaron datos de hace 9, 8, o 7 años de antigüedad, las conclusiones están desactualizadas antes de ser impresas. Si se utilizaron datos de los últimos 2 años, queda preguntarse qué hicieron en la Comisión desde el 2003 hasta la fecha.

Siguiendo hacia adelante nos encontramos con el segundo error metodológico grave: el Plan Estratégico está planteado para abarcar los años 2013-2030, es decir una vigencia de 17 años. Por definición, los planes estratégicos deben abarcar un período de tiempo de entre 1 a 5 años en el futuro, siendo el período más utilizado el de 3 años. Por ser este el caso de una ciudad y no de una empresa, podría considerarse un plazo máximo de 10 años. Esto se debe básicamente a dos razones: primero porque en un mundo cambiante como el actual es muy difícil prever las condiciones futuras a tan largo plazo, y segundo porque todo plan estratégico debe contener datos cualitativos y cuantitativos cotejables con la realidad. De nada sirve plantear un plan si luego no se controlan los resultados del mismo. La mayoría de los planes estratégicos de ciudades importantes no superan en la actualidad el año 2020: Buenos Aires 2016, Mendoza 2012-2015, Barcelona 2020, Madrid 2012-2015, Miami 2012-2017, Sídney 2020, etc.

Pero vayamos al contenido. El plan define 5 estrategias de crecimiento que a su vez se resumen en 4 frentes de actuación. El análisis de la coyuntura de la ciudad es adecuado, detectando diferentes realidades a ser atendidas en el futuro. Pero las conclusiones son  demasiado amplias en su visión, y  muy poco definidas en la enunciación de las tareas para lograrlas. Dentro de los proyectos del Plan Estratégico figuran algunos como “Conservación y mejora de la franja costera”, “eficiencia energética y emergías alternativas”, “fortalecimiento de las localidades”, “modelo de turismo permanente y calidad en la masividad”, “innovación y diversificación de la oferta turística”, ejemplos de buenas definiciones pero muy difíciles de medir, y por lo tanto, de controlar su cumplimiento. También hay proyectos más concretos, pero sin un tiempo de ejecución definido. Todo plan va a ser tan bueno como lo sea la posibilidad de medir sus resultados y corregir  sus desvíos del objetivo.

Pero más allá de todas las observaciones hechas hasta aquí, es la excesiva cantidad de objetivos a lograr con el plan que nos plantea dudas. Como consecuencia del arrastre del error en el planteo temporal, abarcando un período de tiempo tan grande, la visión de Mar del Plata sobre la que se trabaja es excesivamente ambiciosa. Hagamos un ejercicio personal: trate de imaginarse donde quiere estar usted dentro de 17 años. Suponga que para ese tiempo, va a querer cambiar de casa, de auto, casarse, tener hijos,  hacer varios viajes de placer, progresar en su empleo luchando por su ascenso, va a abrir un comercio como inversión o segundo empleo,  va a generar un flujo de ahorro que le permita diseñar un plan de inversión sustentable en el tiempo, y todo lo demás que se le pueda ocurrir de acuerdo a su situación. Bien, ahora intente imaginar cómo lograrlo: plantee los proyectos detallados en el tiempo, con los objetivos a cumplir en cada uno de ellos, teniendo en cuanto que los resultados están encadenados entre sí (si no logra uno, no puede empezar el siguiente) y algunos hasta pueden ser excluyentes (si gasto en el auto, ese año será difícil gastar en un viaje). Ahora un paso más: piense en todas las variables externas que pueden afectar a su plan y a sus proyectos en 17 años y que usted no puede controlar. Evidentemente el riesgo de que no se cumplan sus previsiones aumenta a medida que se prolonga el período de tiempo que se intenta prever. Pero volvamos al inicio del ejercicio. Ahora intente cumplir los mismos pasos, pero con un horizonte temporal de 2 años. De golpe todo se simplifica: a lo sumo cambiara una vez el auto, hará uno o dos viajes, podrá plantearse un porcentaje de ahorro de sus ingresos para ir armando un fondo para cambiar su casa, y dentro de 2 años, revisar si cumplió con sus proyectos (obviamente mucho más accesibles) y plantear un nuevo plan bianual. Es más seguro lograr el objetivo final dentro de 17 años con esta metodología que con la inicial.

Es nuestra opinión que los errores metodológicos, en conjunto con una visión muy ambiciosa de la realidad esperada para Mar del Plata (debido al período prolongado de tiempo proyectado)  han contribuido a que un excelente trabajo de análisis de la coyuntura actual de la ciudad no esté acompañada por una adecuada programación de proyectos y tareas palpables, realizables y medibles, de manera de poder controlar su efectivo cumplimiento. Nosotros no nos atrevemos a pensar la ciudad de aquí al año 2030. Solo el vertiginoso avance de la tecnología afectaría cualquier previsión que pudiéramos hacer. Hubiéramos preferido que el correcto análisis de la realidad hubiera sido utilizado como punto de partida de una programación mas acotada, de no más de 4 años de extensión, con proyectos y tareas bien definidas, con revisiones de término medio para medir desvíos y cambios en las condiciones del estudio. Una vez finalizado ese período de 4 años, y una vez controlado el cumplimiento de los objetivos planteados, ese plan se convertiría en el punto de partida del segundo plan por otros 4 años, y así consecutivamente. Con este planteo, en el período de 17 años (2013/2030) no se contaría con un solo Plan Estratégico, sino con 4 Planes Estratégicos, 4 revisiones de término medio, e innumerable cantidad de información sobre el cumplimiento de los objetivos planteados. Así, el ciclo planeación, ejecución, medición y control se convierte en un círculo virtuoso que se replica en el tiempo, y la planeación estratégica se convierte en una verdadera política de Estado, y no solo en una expresión de deseos de la ciudad que todos queremos.

Para consultar el Plan Estratégico de Mar del Plata acceda aquí.



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