Por un desperfecto, Botnia arrojó una gran cantidad de dióxido de azufre sobre Gualeguaychú. Un estudio determina que la planta emitió diez mil kilos de ese gas contaminante desde el 26 hasta 28 de febrero último. Asambleístas se mostraron preocupados por los efectos nocivos contra la salud y el medio ambiente que pudieron ocasionar esas partículas. Asimismo se quejaron porque Uruguay no controla ni sanciona a la firma.

Los gualeguaychenses comenzaron a dar cuenta de lo sucedido debido al olor desagradable que inundó el ambiente durante los últimos días de febrero. Durante los últimos días de febrero, por problemas que tuvo la papelera Botnia-UPM, ubicada en la margen izquierda del Río Uruguay, se produjo un volcado al aire de 10 mil kilos de dióxido de azufre.

El hecho causó gran preocupación en Gualeguaychú, donde cayó parte del gas contaminante, que comenzó a dar cuenta de lo sucedido debido al olor desagradable que inundaba el ambiente, que se origina en la combustión del carbón y el petróleo.

Gustavo Rivollier y Oscar Bargas, integrantes de la Asamblea Ambiental, se refirieron a un estudio técnico que determina que la planta “estuvo emitiendo desde las 0,00 del 26 hasta el fin de la mañana del 28”, mientras que “el cálculo que hace es que tiraron 3.059 kilogramos de dióxido de azufre donde está el material particulado, el sulfhídrico y otros elementos, todo mezclado”.

Pero el hecho no terminó allí, según relató Bargas, “atrás del olor vino todo eso. Estamos hablando de casi diez mil kilos que nos tiraron sobre Gualeguaychú, esto surge de los números que da la estación que está ahí a tiempo real, algo público en Uruguay”.

La asamblea local estipula que se trató del “incidente más importante que se vivió y se sintió en Gualeguaychú” el que fue invisible para los habitantes de esa ciudad ya que dichas sustancias son como la milésima parte de una cabeza de un alfiler y se alojan en la vista, piel y cuero cabelludo y pueden ser inaladas a través de las vías respiratorias.

“Todo eso cae sobre los seres vivos que están alrededor de la planta. Nosotros los humanos, los animales y las pasturas que después comen las vacas, abejas, etc. Todo el ciclo biológico está siendo víctima de esta polución por lo que es un disparate que durante tantos días haya estado descontrolada”, sostuvo el ambientalista.

Asimismo, Bargas se mostró preocupado por los posibles problemas de salud que podría ocasionar: “lo que nosotros percibimos fue el olor pero hay otro montón de cosas que cuando sopla el viento de aquel lado el micro-particulado se alojan en nuestras vías respiratorias”, aclaró.

“Botnia pesa mucho en Uruguay”

Por su parte, el asambleísta Gustavo Rivollier cuestionó que “el primer mundo nos quiere vender que trajeron la mejor planta y resulta que se va a la banquina a cada rato. El micro-particulado tiene severísimas multas en Finlandia, sin embargo hacen oído sordo a lo que sucede en nuestro río Uruguay”.

Para el hombre, la falta de multas por parte del vecino país a Botnia se debe a que la papelera “pesa mucho” allí, lo cual también les dificulta el hecho de conseguir la información.

“La empresa es un gobierno dentro del gobierno y que tiene un peso predominante. Es el poder real y económico”, sostuvo Rivollier en tanto que aseveró que el lenguaje de ellos “es  el dinero  y no importa cómo se hace”.

Mario Marini

elperiodista12@hotmail.com



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