Los títulos de los periódicos -citaré sólo dos- son harto elocuentes: “Crecieron el “blue” y las reservas”, “El Central logró adormecer al dólar”. Junto con los susodichos títulos, la información que pone los pelos de punta. Una información que descubre que en la República Argentina tenemos nada más ni nada menos que cinco (leyó bien) monedas: El peso moneda nacional, el dólar “oficial”, el dólar “paralelo” (eufemismo que refiere a una moneda extranjera de curso ilegal o delincuencial), tambien llamado dólar “blue”, no sé por qué ese color, el dólar “turista” y el dólar “tenencia” o mejor dicho para “amarrocar”. Y para mayor escarnio de nosotros, figuran en las pizarras de las cotizaciones como algo absolutamente natural
Qué pasa en nuestro amado país? Quién nos metió en la cabeza que no somos dignos de manejar nuestra economía con una sola y propia moneda? Quién nos hace creer que somos tan poca cosa en el concierto de las naciones, que no nos merecemos gritar a los cuatro vientos que parte de nuestra soberanía tiene estrechísima relación con el signo monetario que nos dimos en el año 1813, época en la que salvo algunos pocos vendepatria -que siempre, malgrado sea, los hubo- abundaban quienes defendían a rajatabla la libertad, la independencia, la soberanía de esta parte del planeta.
En los primeros días del corriente mes, el conocido empresario Franco Macri, defenestrado por unos y defendido por otros, dijo textualmente: “Para la Argentina no tiene que existir el dólar. La Argentina tiene su propia moneda”. Y agregaba seguidamente: “No hay ningún país en el mundo que use el dólar como su moneda, y es un mal que venimos arrastrando desde siempre, y en esas condiciones nada es bueno, nada es malo, no depende ni siquiera de la situación del país.”
Y si como dice el refrán, “Para muestra basta un botón”, muy cerca, tan cerca que lindamos con él, tenemos un país en donde nadie puede comprar ni un triste caramelo con dólares. Por si no lo sabía, es nuestro vecino Brasil. Allí nada se compra ni se vende en dólares. Una magnifica manera de demostrar que re-al-men-te es una nación soberana, una nación que no se arrodilla ante una bandera con barras y estrellas, y que mantiene -al menos en su economía- un perfecto orden como lo establece el símbolo que campea en su enseña nacional, donde se lee “Ordem e progresso”, es decir Orden y progreso.
Creo que es llegada la hora de que los argentinos tomemos conciencia de la clase de país que somos. Es decir un país en el que la gran mayoría piensa que “lo de afuera es mejor”, y vive toda su vida cautivo de un pensamiento sumiso que le impide ver cuando potencias extranjeras imbuidas de un fundamentalismo colonialista pretenden que las cosas funcionen como a ellos les conviene, ya sea econòmicamente, ya sea políticamente. Para lo cual no trepidan en provocar, como lo hemos padecido días atrás, verdaderos descalabros económicos y hasta sociales en algunos casos, como está ocurriendo en nuestra republica hermana de Venezuela.
Volviendo al señor Franco Macri, señaló entre otros conceptos que Argentina está atravesando un momento dificil, y que por ello es necesario y urgente que “deban unirse todos los sectores que tienen el poder de ayudar, para que el país supere la crisis y crezca”. Y consideró que en la actualidad “los intereses que se imponen son los económicos; será natural, pero no es bueno para el país”.
De manera entonces que si realmente, en el fondo de nuestras almas nos sentimos merecedores de un país libre y soberano, pues desterremos nuestro espíritu colonialista para comenzar a pensar y actuar “en celeste y blanco”. Pero de verdad, no sólo defendiendo al tango, al mate o al asado, sino actuando como ciudadanos orgullosos de pertenecer a esta nación envidia de muchos, “deseada” por algunos que mediante el manejo -entre otras cosas- de algunos aspectos de nuestra vida institucional, provocan malestar, desazón, miedo, angustias de todo tipo en una población que tiene hambre de paz y de bienestar. Pero sin dudas el antídoto para contrarrestar los efectos de estos venenos los tenemos nosotros “las bases”, es decir el pueblo mismo.
Particularmente soy de la idea de dejar a los odiados especuladores de la economìa que, mientras puedan, sigan jugando con monedas extrañas. Los argentinos bien nacidos demostraremos cada vez que nos toque que tenemos la fuerza y la voluntad necesaria para comprar y vender con un signo monetario único, que es el peso moneda nacional de la República Argentina, mientras soñamos que nuestro amado país se maneje algùn día como hoy lo hace Brasil. Entonces si así lo hacemos nuestros hijos no se avergonzarán de nosotros.————————————————-
Mario Marini
elperiodista12@hotmail.com



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