Por Prof. Norberto Ovando
Presidente / Asociación Amigos de los Parques Nacionales – AAPN –
Experto Comisión Mundial de Áreas Protegidas – WCPA – de la UICN-
Red Latinoamericana de Áreas Protegidas – RELAP –

Los desastres llamados naturales, según su intensidad, ya sean de origen geodinámicos, hidrometeorológicos como ambientales, causan una cantidad significativa de pér­didas, tanto en términos de vidas humanas como en la destrucción de la in­fraestructura económica y social e impactan negativamente sobre los ecosistemas

Entendiendo que la tierra está en actividad, puesto que no ha terminado su proceso de formación y que su funcionamiento da lugar a cambios en su faz exterior, los “fenómenos naturales” deben ser considerados siempre como elementos activos de la geomorfología terrestre. El hombre debe aceptar que está conviviendo con una naturaleza viva, que ésta tiene sus propias leyes de funcionamiento contra las cuales no puede atentar, a riesgo de resultar él mismo dañado.

Ciertos fenómenos naturales no son necesariamente desastrosos. Lo son únicamente cuando los cambios producidos afectan una fuente de vida con la cual el hombre contaba, o un modo de vida realizado en función de una determinada geografía.

Hay un alto riesgo de desastre si uno o más fenómenos naturales peligrosos ocurrieran en situaciones vulnerables. Ser vulnerable a un fenómeno natural es ser susceptible de sufrir daño y tener dificultad de recuperarse de ello.

Reducir la vulnerabilidad

Es necesario desarrollar un Manual Operativo como lo han hecho varios países de Latinoamérica (Ecuador, Guatemala, República Dominicana y otros)), donde se promueva la Gestión de Riesgos de Desastres como un proceso de desarrollo basado en leyes y normativas, enfocados en aumentar la resiliencia de la sociedad a través de acciones orientadas a la identificación y análisis de riesgos, reducción del riesgo (prevención y mitigación), manejo de la emergencia (preparativos, alerta, alarma y respuesta) y la recuperación temprana, todo ello en concordancia con las capacidades humanas e institu­cionales.

Marco de Acción de Hyogo

Dentro de los instrumentos internacionales que se debe utilizar se encuentra “El Marco de Acción de Hyogo (MAH)”siendo este, el más importante para la implementación de la reducción del riesgo de desastres que adop­taron los Estados miembros de las Naciones Unidas, entre los que se encuentra Argentina. Su objetivo general es aumentar la resiliencia de las naciones y las comunidades ante los desas­tres y lograr para el año 2015, una reducción considerable de las pérdidas que ocasionan los desastres, tanto en términos de vidas humanas como en bienes sociales, económicos y ambientales de las comunidades y los paí­ses. El MAH ofrece cinco áreas prioritarias para la toma de acciones, al igual que principios rectores y medios prácticos para aumentar la resiliencia de las comunidades vulnerables a los desastres en el contexto del desarrollo sostenible.

Dentro de los objetivos estratégicos del MAH se destacan:

1. La integración de la reducción del riesgo de desastres en las políticas y la planificación del desarrollo sostenible.
2. El desarrollo y fortalecimiento de las instituciones, mecanismos y capacidades para aumentar la resiliencia ante las amenazas.
3. La incorporación sistemática de los enfoques de la reducción del riesgo en la implementación de programas de preparación, atención y recuperación de emergencias.

Las cinco prioridades en el Marco de Acción de Hyogo en que se debe apoyar un Sistema Nacional para formar Comités de Gestión para la Reducción del Riesgo de Desastres son:

1- Lograr que la reducción del riesgo de desastres sea una prioridad.
Garantizando que la Reducción del Riesgo de Desastres (RRD) sea una prioridad nacional y local, con una sólida base institucional para su imple­mentación. En tal sentido los países deben desarrollar o modificar políticas, leyes y marcos organizativos, al igual que planes, programas y proyectos con el propósito de integrar la reducción del riesgo de desastres, así tam­bién, se deben asignar los recursos suficientes para brindar apoyo a estos esfuerzos y mantenerlos.

2- Conocer el riesgo y tomar medidas
Con el propósito de reducir sus vulnerabilidades frente a las amenazas na­turales, los países y las comunidades deben conocer el riesgo que están enfrentando y tomar medidas con base en tal conocimiento. Esta compren­sión del riesgo precisa de inversión en las capacidades científicas, técnicas e institucionales para observar, registrar, investigar, analizar, predecir, mo­delar y elaborar mapas de las amenazas naturales. También es necesario desarrollar y diseminar herramientas. En ese sentido, la información esta­dística en torno a los desastres, los mapas de riesgos y los indicadores de vulnerabilidad y de riesgos son esenciales. Asimismo, identificar, evaluar y observar de cerca los riesgos de los desastres y mejorar las alertas tem­pranas.

3- Desarrollar una mayor comprensión y concientización
Utilizar el conocimiento, la innovación y la educación para crear una cultura de seguridad y resiliencia a todo nivel.
Los desastres pueden reducirse considerablemente si las personas se man­tienen informadas sobre las medidas que pueden tomar para reducir su vulnerabilidad, y si se sienten motivados para actuar, brindando informa­ción relevante sobre el riesgo de desastres y medios de protección, en par­ticular para aquellos ciudadanos que habitan en zonas de alto riesgo; in­cluir el tema de la reducción del riesgo de desastres en la educación formal y no formal, al igual que en actividades de capacitación, así como trabajar conjuntamente con los medios de comunicación en actividades dirigidas a la concientización sobre la reducción del riesgo de desastres.

4- Reducir los factores fundamentales del riesgo
Los países pueden desarrollar su resiliencia ante los desastres al invertir en medidas simples y muy bien conocidas para reducir el riesgo y la vulne­rabilidad. Los desastres pueden reducirse al aplicar normas relevantes de construcción para proteger infraestructuras vitales, tales como escuelas, hospitales y hogares. Los edificios vulnerables se pueden modernizar para lograr un nivel más alto de seguridad. La protección de valiosos ecosiste­mas, tales como las dunas y otros, permiten que los mismos actúen como barreras naturales a las tormentas. Las iniciativas efectivas en materia de seguros y micro-finanzas pueden contribuir a transferir el riesgo y ofrecer recursos adicionales.

5- Fortalecer la preparación en desastres para una respuesta eficaz a todo nivel
La organización y los planes efectivos de preparación también ayudan a hacerle frente a muchos de los desastres de pequeña y mediana magnitud, los cuales se producen reiteradamente en muchas comunidades. Las ame­nazas naturales no pueden prevenirse, pero sí es posible disminuir su im­pacto al reducir la vulnerabilidad de la gente y de sus fuentes de sustento.
El hecho de estar preparados, lo que incluye la conducción de evaluaciones del riesgo, antes de invertir en el desarrollo a todo nivel de la sociedad, le permitirá a la gente ser más resistente a las amenazas naturales. Asimismo, los ejercicios frecuentes de preparación en desastres, incluyendo los simu­lacros, también son esenciales para garantizar una rápida y eficaz respues­ta ante los desastres.

Conclusión

Se debe crean un Sistema Nacional, Comité Provinciales y Municipales para la Prevención, Mitigación y Respuesta ante Desastres, integrado por Organismos públicos, ONGs, Institutos de investigación científica y desarrollo tecnológico, medios de comunicación y organizaciones comunitarias responsables de actividades relaciona­das con la reducción de riesgos o preparación, reacción, atención, rehabilitación y recuperación de la población en caso de desastre.



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