El obispo de Mar del Plata, monseñor Antonio Marino presidió la celebración y posterior procesión por la calles del puerto; y estuvo acompañado del vicario general de la diócesis, presbítero Gabriel Mestre y el párroco del lugar, presbítero Hernán David junto a decenas de sacerdotes, diáconos y seminaristas.

Minutos antes de las 19, la gruta ya estaba colmada de fieles. Luego del rezo del Rosario, la artista Cecilia Milone entonó el Ave María. Algunos jóvenes voluntarios tomados de las manos, formaron un “cordón humano” para permitir el paso del carro adornado con miles de flores, que portaba la imagen de Nuestra Señora de Lourdes. Con pañuelos en las manos, y muchos con lágrimas en los ojos, recibieron a la Virgen con vivas y aplausos y luego comenzó la santa misa.

Nuevamente, Marino exhortó a los fieles a la evangelización, “la misión debe ser una dimensión permanente de nuestro quehacer como miembros de las Iglesia diocesana de Mar del Plata. Es preciso incorporar esto en nuestros reflejos más profundos: salir, anunciar, evangelizar. El evangelio es para todos, y en primer lugar tenemos la obligación de llevarlo a los pobres. Muchas veces encontramos en ellos, corazones bien dispuestos, que saben abrir espacio a Dios”.

Al finalizar la eucaristía, todos se dispusieron a realizar la procesión; nuevamente la imagen de la Virgen salió de la gruta, y fue escoltada por la Fuerza Armada y los miles de peregrinos que recorrieron desde Magallanes hasta Martínez de Hoz, y allí retomaron 12 de octubre para retornar a la gruta.

En la intersección con Bosch, el punto más alto de la ciudad, la procesión se detuvo por unos momentos y la imagen de la Virgen se giró, para ubicarla mirando en dirección al mar.

El Obispo recordó a los pescadores que están navegando, los que han fallecido e hizo una bendición especial. Mientras tanto, algunos de los abuelos del Hogar y las religiosas esperaban a la Virgen en la puerta del hogar de ancianos y enfermos crónicos. Con lágrimas en los ojos, uno de los abuelos del hogar contempló en silencio a la brillante imagen de la Virgen de Lourdes que se acercó hasta el cordón de la vereda, y la saludó con la pequeña toalla que tenía en sus manos.

La procesión continuó por Don Orione y retomó por Magallanes, nuevamente en el interior de la gruta, el obispo diocesano, realizó la exposición del Santísimo Sacramento, y luego la bendición. La banda del GADA 601, entonó las estrofas del himno nacional argentino.



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