Tal como lo adelanté la pasada semana, hoy el tema será el “deporte argentino de las protestas”, los distintos tipos de reclamo que a pesar de su diversificación, están hermanados con un denominador comùn: la violencia. Actitud que hasta se acerca por momentos a provocar resultados nefastos, como pueden ser la muerte de algun inocente, pasando por distintas formas de expresar una pretendida “bronca” contra alguien o contra algo.

Hoy está de moda expresar el descontento cortando calles o rutas exigiendo respeto por determinados derechos, impidiendo en tanto el ejercicio del derecho de los demás ciudadanos de transitar líbremente como lo determina el artículo 14º de nuestra Constitución. Una actitud violenta que altera el normal desenvolvimiento de las actividades de tantísima gente que no sólo no tiene absolutamente nada que ver con el problema de los armadores de piquetes sino que -y esto es lo más interesante- no está en sus manos darles la solución que reclaman. Y además, si alguien pregunta por qué molestan a los que no tienen ni arte ni parte, la respuesta (ojo, es la única a la que apelan todos para justificar lo injustificable, ya que no tienen imaginación para elaborar una respuesta racional) es “Porque es la única manera de que nos lleven el apunte” (!!??)

Qué extraño!!! Yo que iba al almacén de la esquina y no me dejaron pasar tengo que “llevarles el apunte”??? Yo les tengo que solucionar su supuesto problema? Tal vez -y que me perdonen los funcionarios a quienes les cabe el sayo- no sería más efectivo plantársele frente al domicilio del funcionario responsable de su malestar e impedirle salir de su casa o transitar por la cuadra? Pero cuidado, sin hacer lío, calladitos, como zombies. Digo, no sé…Tal vez conseguirían que “les lleven el apunte”. Y si no, pues señor mío, pongan unas monedas cada uno y manden a un buen abogado a hacer lío a Tribunales…Pero basta ya de cerrarme el paso haciéndome pagar las culpas de la dirigencia a la que no pertenezco.

Pero hay más. El “reclamo” hecho efectivo con actos que muestran un comportamiento descabellado, falto de razón, es decir i-rra-cio-nal como el de quemar contenedores, o apilar cubiertas de auto y meterles fuego, sin importarles un pepino que la inmundicia del humo y las cenizas penetren en viviendas vecinas, en donde podría haber enfermos, o bebés, o ancianos que reclamarían aire puro para sus gastados pulmones. Epppaaaa…. Hasta cuándo? Hasta cuándo con esa forma de “protesta”? Hasta cuándo la tolerancia de quienes deben hacer cumplir las leyes, por supuesto, sin entrar en absurda represión que “dé pasto a las bestias”.

Y si a todo esto le sumamos la agresión directa contra gente o edificios, con piedras o tanto elemento utilizado para dañar, con el pretexto de estar en desacuerdo con, por ejemplo, el aumento del boleto de los colectivos, estamos sí en presencia de individuos a quienes llamarlos inadaptados les queda grande, pues son seres para quienes la irracionalidad es moneda corriente.
Tal como ocurrió días atrás en nuestra ciudad, precisamente por esta razón. No analizaré el hecho en sí, al que no se le dio la difusión de-ta-lla-da en los medios locales. Sí, sería muy importante que la ciudadanía, que sólo supo hubo veinte detenidos, cuatro de ellos menores y hasta alguna mujer, fuese informada de qué delito se les imputó, si fueron procesados, cuál es su situación legal en estos momentos, y otras.

Porque sin dudas, quemando contenedores, destrozando vidrios de la Municipalidad, cualquiera puede presentarse como particular damnificado y reclamar se le aplique todo el rigor de la ley, sobre la base de haber infringido el art. 183 (Título VI) del Codigo Penal en cuanto refiere al Daño como Delito contra la Propiedad. Si a esto le sumamos los delitos contra el Orden Público (Título VIII-arts. 211 y 213 bis), pues ya tendríamos las herramientas para “hacerles comer” a los responsables entre tres y diez años de prisión (o reclusión tal vez) por lo que se les irían las ganas de volver a hacer lo que hicieron.

Además, si los jueces hicieran pública -con nombre, apellido y domicilio, y hasta con la fotografía – la imagen de quienes nos provocan así, para que los ciudadanos “normales” sepamos con qué bueyes aramos, es seguro que se acabarían de cuajo todas estas “protestas”. Y ante semejante “escrache” de nada servirían gorros, pañuelos o pasamontañas para ocultarse.
Y la última: Qué espera la Municipalidad para dar a conocer “urbi et orbis” cuánto le sale al ciudadano marplatense la reposición de los vidrios rotos por aquellos energúmenos? Porque no quienes los rompìeron, ni el intendente ni ningún funcionario meterá la mano en su bolsillo para oblar ese gasto. Vamooooosss, que el pueblo quiere saber de qué se trata…
Mario Marini



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