La fábrica EMEPA, instalada en la ciudad de Chascomus, firmó un acuerdo con la empresa China South Locomotive & Rolling Stock con el objetivo de fabricar material rodante. La firma de Beijing se encuentra fabricando 709 coches que irán el año que viene a las vías de los ferrocarriles Sarmiento, Mitre y Roca.

 

Cabe mencionar que el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, en una reunión mantenida en la sede central de la empresa, hace varios meses le propuso a los empresarios  chinos que instalaran una planta en Argentina. El funcionario nacional se contactó con el presidente de la firma, Zheng Changhong, para hablarle sobre la empresa EMEPA, que hoy es la única compañía del país a cargo de la fabricación de trenes y se está ocupando de diseñar un modelo de aluminio para las vías del Belgrano Norte.

 

Según se informó, el empresario chino quedó convencido de invertir en la Argentina para el mantenimiento, la renovación y la ampliación de algunos sectores del sistema ferroviario local.

 

Por su parte, Randazzo recibió a una delegación de empresarios chinos. En la oportunidad dijo   “el  5 de enero van a embarcar la primera formación de las veinticinco que adquirimos para el tren Sarmiento”.

 

A su vez indicó que los representantes de CSR recorrieron varias empresas, entre ellas EMEPA, a fin de definir la apertura en Argentina de fábricas relacionadas con el sector ferroviario. Por último, el Ministro del Interior sostuvo:  “vamos a reemplazar los 580 coches que funcionan hoy por 1220 que son modernos, seguros y cómodos, y van a  brindar un mejor servicio”.

 

Promisorio futuro

 

Los argentinos que sabemos de la enorme posibilidad de crecimiento que significó en su momento algo tan estratégico para la economìa de nuestro país como es el transporte ferroviario, tanto de pasajeros como de carga, no podemos dejar de recibir con beneplácito y esperanzas informaciones de estas características.

 

No se necesita ser economista para darse cuenta del impacto que habrá de tener esta lenta pero constante recuperación de los ramales ferroviarios. Iráse viendo cuando dejen de pagarse siderales cifras en fletes por camión, en peajes (dos actividades -sabemos- controladas por dirigentes sindicales, con las angustias que le generan cada tanto a la población indefensa, cuando de “defender” sus intereses se trata). Cuando las rutas argentinas muestren un tiempo mayor de vida útil al no ser agredidas por unidades que transportan más peso de lo que la ley permite. Cuando las estadísticas den cuenta de la notable reducción de accidentes viales, cuantas veces con pérdidas no sólo de inocentes vidas humanas, sino también del mucho dinero que significa una mercadería que se pìerde.

 

Todo ésto referido a transporte de carga. Y qué decir del transporte de pasajeros, históricamente más barato y más seguro, sobre todo hoy, que se viaja en unidades cuya altura desafía las leyes de la Física estando expuestos a que un viento o un roce con otro vehículo provoque un siniestro. Por otra parte, es innegable el efecto social que genera la unión de pequeñas comunidades  del interior, (hoy transformados algunos en pueblos fantasma) por una línea ferroviaria. Quienes pasamos los 70 abriles podemos asegurar que las vías -metafóricamente- fueron las venas por las que iba y venía la vida de esas comunidades, hermanando sueños y voluntades. Quien esto escribe tuvo dos tíos y -aún vive- un cuñado ferroviarios; de modo que el tema no le es extraño.

 

Un párrafo aparte para la innegable generación de nuevos -cientos-puestos de trabajo en las diversas áreas que presupone la actividad ferroviaria en todo el país.

 

Para finalizar, el profundo deseo de que la milonga “Estación de vías muertas” del poeta loberense Luis Domingo Berho, quede en la historia del ferrocarril argentino como la estampa de algo que jamás debió ocurrir en la Argentina.



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