La Semana de la Cultura Argentina del 15 Festival Internacional de Arte de Shanghai, que acaba de finalizar con una gran participación de público chino, tuvo un celebrado punto en común por parte de casi todos los artistas invitados: la extraordinaria música de Astor Piazzolla.

 

No fue casualidad que el Comité Organizador del Festival, el más importante de Asia Continental, decidiera invitar a una comitiva de artistas argentinos para representar a nuestro país y, que de esa comitiva, la mayoría abordara, a su manera, un género que parece ejercer, cada día más, una fascinación absoluta en todo el mundo: el tango.

 

Pero no solamente el tango, sino aquel concebido por uno de los músicos más importantes del siglo XX, Astor Piazzolla, autor de una obra revolucionaria en cuanto a ritmo, melodía y orquestación, que él mismo definió, en su tiempo, como “música contemporánea de Buenos Aires”.

 

En ese sentido, el pianista argentino Nelson Goerner ofreció, en el tradicional Shanghai City Theatre ante una sala llena, un deslumbrante concierto donde interpretó un repertorio que fue de Bach a Debussy, y donde, hacia el final, conmovió con una interesante versión de “Adiós Nonino” -transcripta por el propio Piazzolla-, pensada para explorar las posibilidades del piano.

 

Por su parte, el bandoneonista Néstor Marconi, uno de lo más reconocidos en el mundo, tocó junto a su octeto en el moderno Centro de Arte Oriental de Shanghai donde, además de interpretar clásicos como “Milonga del Ángel”, se pudo sentir la presencia de Piazzolla a través del abordaje compositivo, rítmico y orquestal del concierto.

 

La celebrada bailarina de tango Milena Plebs, que ofreció una clase maestra ante mil estudiantes universitarios, también trabajó con la figura y la música del autor de “Lo que vendrá”, a partir de composiciones bailables y de dibujos realizados por Hermegelindo Sábat, que sirvieron como telón de fondo para el espectáculo.

 

Por último, el bailarín de ballet Juan Pablo Ledo se sirvió de la obra de Piazzolla para configurar un espectáculo al aire libre que combinó el tango de salón con la danza contemporánea, donde las melodías del compositor argentino fueron el punto máximo de esa expresión corporal.

 

Piazzolla (1921-1992) fue rechazado en sus comienzos por la llamada “Guardia Vieja”, que en los años 50, desde una concepción ortodoxa, lo había declarado como “asesino del tango”, debido a sus innovaciones sonoras, compositivas, rítmicas y orquestales, muchas veces de carácter disonante, que dejaban a todos, público y críticos, perplejos.

 

Pero a pesar de los ataques y la indiferencia de las discográficas, Piazzolla siguió adelante, ampliando su búsqueda musical, que tomaba bases del tango, el jazz y la música contemporánea, inspirado sobre todo en las grabaciones de Igor Stravinski.

 

Fiel a su estilo, Piazzolla continuó trabajando en su “música contemporánea de Buenos Aires” y con el tiempo fue reconocido por intelectuales y artistas de otros géneros, como el rock. Tuvo una gran repercusión en Nueva York, valorado por su exploración vanguardista. En Argentina, mantuvo una gran relación con su colega, el compositor Osvaldo Pugliese.

 

El compositor, nacido en Mar del Plata, dejó una extensa obra marcada por clásicos inolvidables -“Adiós Nonino”, “Libertango”, “Oblivion”, “El exilio de Gardel”, “Bandoneón Sinfónico”, entre muchos otros- que dan cuenta de una búsqueda personal que se transformó en patrimonio de la cultura argentina y universal, que continúa fascinando con el paso del tiempo.



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