A un año del 8N, la manifestación contó con una adhesión muy inferior a otras marchas realizadas bajo la misma temática en tanto en la zona del Obelisco porteño como en algunas plazas del interior del país, tal el caso de lo sucedido en Mar del Plata, donde un puñado de vecinos se concentraron en el Monumento a San Martín.

 

Con algunas banderas argentinas y varios carteles, algunas decenas de manifestantes expresaron sus diferencias con las políticas del gobierno nacional.

 

Por Twitter, la escasa participación del 8N generó controversia entre los principales organizadores por las redes sociales y cruzaron acusaciones por el fracaso de la protesta que tenía un doble componente: uno festivo y otro en defensa de los intereses del Grupo Clarín tras el fallo de la Corte Suprema a favor de la Ley de Medios.

 

El nuevo 8N no contó con el apoyo de políticos opositores de forma explícita y los administradores de páginas de Facebook consideraron, tras varias discusiones, que “no tenía mucho sentido haber hecho una movilización a favor del Poder Judicial en abril y salir a protestar contra la Corte Suprema en noviembre”.

 

El temor de algunos de los organizadores se hizo realidad ya que la marcha tuvo una escasa convocatoria y fue considerada un “fracaso”, por lo cual lo que se esperaba que sea una fiesta terminó con claras muestras de disgusto y división entre los propios caceroleros.



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