Con el objetivo de hacer un llamado de atención a los responsables de defender el patrimonio arquitectónico de la ciudad, un grupo de arquitectos de Mar del Plata y la zona decidieron tomarse una foto frente a la mítica Casa del Puente (Funes y Quintana).

 

“Queremos salvaguardar, identificar y reconstruir esa historia de presencias y ausencias en las ciudades y en las áreas rurales, con políticas que realicen la difusión de estas cuestiones, trabajando con las instituciones educativas y con los alumnos en todos sus niveles para la generación de conciencia y para lograr el conocimiento de lo propio y más cercano”, dijo el Arquitecto Pablo Matropasqua en referencia al motivo de la convocatoria.

 

La arquitectura de una ciudad define su identidad socio cultural y de alguna manera cumple una función educativa contando su historia tanto por sus testigos como por sus testimonios. “La defensa de nuestro patrimonio cultural, arquitectónico, urbanístico y ambiental debería ser parte del discurso popular, sumado a lo expuesto en cuanto a vivienda digna, salud, educación y temas de índole similar”, afirmó Mastropasqua.

chalet casa piedra

“Tenemos que defender la arquitectura de la Belle Époque, los chalets del barrio Chauvin o Los Troncos, el Hotel Alfar, los cascos de estancias, las estaciones de trenes, el complejo Playa Grande o esa buena arquitectura doméstica, entre otros muchos valores”, destacó el arquitecto quien además integra la lista Naranja, Azul y Blanca que impulsa la candidatura a presidente del Distrito IX de Diego Domingorena en las próximas elecciones.

 

“En la región estamos siendo testigos -y bastante mudos por cierto- de otra fuerte etapa de destrucción del patrimonio construido”, se lamentó Mastropasqua recordando cuando “entre las décadas del 50 y 70 con el -para nada criticable- cambio de modelo turístico, sumado a la Ley de Propiedad Horizontal, la nueva hotelería y la infraestructura de servicios que se necesitaban para los nuevos veraneantes, las ciudades perdieron gran parte de su patrimonio urbano y arquitectónico”.

 

En la actualidad la pérdida a la que hace referencia Mastropasqua “es un atropello sobre los barrios de manera puntual, casi un trabajo de hormiga sobre el tejido, minándolo y sentando precedentes. Esta vez el avance no es sólo sobre las grandes mansiones de un pasado prospero para pocos, sino con el sólido y armonioso carácter local conformado por sus pequeñas casas, chalets de piedra, ladrillo y teja que realizaban los constructores locales e inmigrantes para si mismos o para esa clase media en formación que llegaba a la ciudad. Pequeños ejemplos de artesanía arquitectónica que en conjunto dan una imagen urbana propia a Mar del Plata”.

 

“Por esto pensamos que nuestras ciudades costeras en su faceta de receptoras del turismo nacional masivo no pueden perder sus atractivos más singulares, lo que queda de su paisaje costero pintoresquista, algunos de sus edificios emblemáticos y la calidad ambiental y arquitectónica de sus barrios que sin dudas están conformados por unidades de vivienda que por si solas quizás no contarían con los valores que destacamos en las obras singulares, pero que sumadas y en conjunto, adquieren un valor superlativo y de carácter de identidad”, añadió.

 

El impacto del boom de la construcción

 

En los últimos años y en base a las especulaciones sobre las restricciones cambiarias muchos inversores depositaron sus dividendos en la construcción. “Somos conscientes que este es un polo de desarrollo fundamental para el distrito, que moviliza infinitos factores y no podemos oponernos a él, pero sí creemos que es función del Estado el regular, dirigir, proteger y ordenar dónde, para qué y qué tipo de desarrollo urbano se realizará y legislar sobre estas cuestiones”, expresó el arquitecto Pablo Mastropasqua.

 

“Creemos firmemente que esto es solucionable con una fuerte gestión del Estado, con un acuerdo entre partes interesadas, Colegios, Cámaras, profesionales, gremios y todos aquellos que forman parte de este complejo engranaje que es la construcción material de la ciudad, pero siempre dando un peso mayor a la gestión de gobierno, no dejándose superar por intereses económicos, inmobiliarios o simplemente especulativos que ya pudimos ver en otras épocas como destruyeron parte del eje urbano y hoy están con graves problemas de sustentabilidad y mantenimiento; algo que se deberá afrontar y a un alto costo en los próximos años”.

 

Por último, Mastropasqua dijo que “está gestión del Estado debe dar las posibilidades y las herramientas para que los propietarios y/o inversores puedan encontrar la manera de salvaguardar las obras de valor patrimonial, existen mecanismos probados en otras ciudades que debemos estudiar y adaptar a nuestras realidades. Hay ejemplos donde mediante políticas de exención impositiva, premios a los indicadores urbanísticos, flexibilidad de usos y modificaciones internas, entre otras, donde se encuentra la forma que lo existente permanezca sin impedir la rentabilidad y promover así el mantenimiento con calidad del patrimonio”.



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