El ex juez español Baltasar Garzón, acompañado por los diputados nacionales Adela Segarra y Remo Carlotto, brindó una charla abierta ante un importante marco de público en el Instituto Unzué de esta ciudad, que requirió la habilitación de otras salas y la instalación de parlantes para que el nutrido público pueda seguir la exposición.

 

El letrado centró su exposición en la cuestión de la memoria histórica que, por las medidas que se tomaron contra él en su país (la suspensión cuando intentó reabrir las investigaciones sobre las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura de Francisco Franco), coloca a la Argentina, “como un ejemplo a seguir en esa materia”.

 

Más temprano, Garzón fue recibido en el Concejo Deliberante de General Pueyrredón y honrado como “visitante ilustre” de la ciudad, y también mantuvo un encuentro previo con el jefe comunal, Gustavo Pulti.

 

Garzón recordó en su charla cómo conoció al ex jefe de Estado Néstor Kirchner y a la actual Presidenta Cristina Fernández de Kirchner, cuando la iniciativa de reabrir las investigaciones en España, en 2008, no obtuvo el apoyo que el entonces juez esperaba, y que se zanjó con su suspensión, en mayo de 2010.

 

“Al otro día de ese triste 14 de mayo -contó- el primer llamado que recibí en mi estudio de Madrid fue el de Néstor Kirchner, solidarizándose con mi situación, invitándome a este país. Jamás voy a olvidar ese gesto. En la adversidad, pocas cosas pueden agradecerse más. Ser agradecido, eso no es algo tan común”, dijo en medio de una ola de aplausos.

 

“España es un país sin memoria. Nos han castrado la memoria. Después de cuarenta años de dictadura (de Franco) no tenemos memoria. Cuando hubo que votar una ley de memoria histórica, más del 50 % de los diputados, de derecha y de izquierda, no la votaron. La idea era que había que mirar para adelante, que era un país reconciliado”, agregó.

 

“¿Reconciliado? Si hasta tuvimos un golpe de Estado en 1981 (el tejerazo) ¿Y por qué? Por la indiferencia. La indiferencia hacia la política. Siempre hay que desconfiar de aquel que se dice apolítico. El apolítico esconde a una mujer o un hombre de derechas. Lo que hay que hacer es reivindicar la política y la democracia, con todos sus matices”, agregó.

 

El ex juez también argumentó sobre la necesidad de intercambiar ideas: “Yo hablaba siempre con Adolfo Suárez (el primer presidente de la transición española) hasta que lo tomó el Alzheimer. Quizá no hubiera alguien más alejado de mis ideas, pero lo importante era discutirlas, defenderlas, admitir que uno puede equivocarse y reconocer que no siempre serás querido”.

 

Agregó que “con el tiempo hablábamos de la Argentina. De aquel inolvidable Juicio a las Juntas, que quedó en los anales y después se diluyó hasta que llegaron los Kirchner al gobierno. Pero por supuesto, encontrarán muchas resistencias, resistencias mediáticas también, las hay en todos lados. Lo importante es no ceder en la búsqueda de la verdad y la justicia”.

 

Finalmente, dijo, “uno no es más que un servidor público; uno no viene a enriquecerse, aunque muchos lo hagan; uno quiere cosas normales, justicia, verdad, memoria. Pero en muchos países, en muchos lugares, eso es mucho pedir, la gente vive en la indiferencia. Argentina ha demostrado todo lo contrario”, concluyó el ex magistrado español.



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